Presidenta de la Sociedad Agrícola del Norte (SAN) y parte del directorio de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), una de las pocas mujeres en altos cargos en la agricultura en el país. Rodeada de hombres, no duda en afirmar enfáticamente en que nunca se ha sentido discriminada, y afirma que su gestión está con los pequeños y medianos agricultores. Aquí les contamos cómo es un almuerzo con María Ines Figari.

ENTRADA:
Comencemos con el plato de entrada, ¿cómo llega María Inés Figari a la presidencia de la SAN y a ser parte del directorio de la SNA?
Para partir, 52 años de agricultora, en el rubro de exportación de frutas, me dieron la posibilidad de poder compartir mis conocimientos frente a un mundo de hombres. El año 2007 se dio una situación especial: la Sociedad Agrícola del Norte cumplía 100 años entonces, como regalo para el gremio, me incorporaron al directorio. Fui la primera mujer después todo un siglo, entonces, fue un honor grande, inmenso, fue un orgullo en lo personal ya que mi papá fue socio de la SAN cuando marcaba una pauta en la región muy importante y yo me crié escuchando hablar de la SAN, para mí fue doble orgullo, como mujer y como hija de agricultor.
Pasó el tiempo, y en un momento dado, el presidente que estaba en ejercicio, tuvo que dar un paso al lado por temas personales, y me correspondió a mí por ser la directora más antigua, tomar su cargo y me quedé y me he seguido quedando. Ya llevo dos periodos, y llevo cuatro años en la SAN como presidenta.
También vi, en paralelo, que era necesario estar en Santiago, donde pasan las cosas. Me involucré en Fedefruta y en la SNA. De consejera en Fedefruta, pasé a ser directora; de consejera en la SNA también pasé a ser directora. Sin ánimo de sacar los títulos, sino que la presencia de mi región en las dos grandes entidades es lo importante. La región de Coquimbo, a quien represento, es evidentemente hortícola y frutícola y ha sido muy importante estar en la capital y ver y oír y comentar las cosas que nos están pasando, la ayuda que hemos necesitado sale, finalmente, desde Santiago.

PRIMER PLATO
Pasamos al primer plato, ¿cuál es tu mirada como presidenta de la SAN? ¿Qué buscas lograr?
112 años tiene la Sociedad Agrícola del Norte. Empezó en 1907, a raíz de una gran sequía. Hay que imaginarse que en ese entonces no había comunicaciones, no había caminos. Ellos pensaron que las grandes necesidades que tenían no las podrían resolver si seguían pensando que todo era a través del Estado o de reuniones y como no se podían reunir formaron células, donde cada agricultor tomaba a cinco o seis que estaban a sus alrededores y así iban haciendo una posta. Eso es lo que nosotros estamos tratando de hacer también, esa misma idea, de posta. Por ejemplo, si en este momento está lloviendo, nosotros tenemos asignado quién avisa en los diferentes sectores qué está pasando. Y la mirada mia fue: los grandes se cuidan solos, porque tienen todo el apoyo de la banca, pueden manejar sus cosas de forma mucho más abierta, menos restrictiva, no como la mediana y la pequeña agricultura.
Entonces pusimos nuestro foco en invitarlos a ellos, medianos y pequeños agricultores, a ser parte nuestra porque en las regiones el 80% de la agricultura está en manos de pequeños y medianos. De 23 mil roles agrícolas, 6 mil corresponden a INDAP, 90 son grandes empresas, y el restante, el grueso, es pequeño y mediano. Es mucha la gente que queda sin apoyo, que no es de aquí ni de allá. ¿Quién vela por ellos?, eso nos propusimos nosotros. Una de las formas fue invitar a todas las juntas de vigilancia. Y con eso ya estamos cerca de los 7 mil socios. Los números tal vez no dicen mucho, lo que a mí me interesa es que la gente se sienta parte de esto.

PLATO FONDO:
Sigamos con el plato de fondo, ¿sigues siendo la única mujer? ¿Cómo es ser mujer y autoridad en un rubro de hombres? 
Sí, sigo siendo la única mujer. Lamentablemente no hay muchas mujeres que quieran participar. Yo lo encuentro algo tan bonito, nosotras le hemos puesto mucho corazón a nuestro trabajo y eso creo que es un mérito femenino. Nosotras miramos más allá por lo mismo que somos creadoras de vida, sin quitarle mérito a los hombres, pero igual esa cercanía en lo familiar, en lo importante que es esa mirada, yo creo que ha sido mi  aporte en esto.
Somos pocas las mujeres que trabajamos en el campo. Las mujeres son temporeras, pero mujeres empresarias son pocas y a esas pocas les cuesta participar. Eso es difícil porque debiéramos ser más para aportar más. Damos otra mirada y eso no lo pueden negar.

¿Cómo ha sido trabajar con hombres?
Celebro tanto trabajar con ellos, son súper respetuosos, muy cariñosos, cero machismo, nada. Yo he tenido mi espacio para hablar y decir lo que muchas veces, algunos no se atreven a decir, a veces cosas medias desagradables, yo tomo la palabra y lo digo y me dicen que estuvo muy bien. Cuesta la sinceridad en los temas más difíciles a veces y muchas veces soy yo la que lo digo. Jamás una falta de respeto, puro cariño, apoyo, un siete. Cuando yo oigo estas protestas en la calle, yo digo, “si los espacios se los gana uno”. Yo no voy a llegar con un escote enorme ni una minifalda si trabajo con puros hombres, son cosas básicas de la convivencia y así como yo me respeto, los demás me respetan. De mi experiencia de trabajar en gremios de puros hombres no puedo decirte más que una nota 7, excelentes compañeros, he aprendido tanto de ellos y me siento muy apoyada, si tengo una dificultad y la presento, yo sé que me van a ayudar y vamos a salir adelante. Entonces, ¿qué mejor?

Haciendo un símil con las ensaladas que a veces son ácidas, ¿qué tiene esto de ácido?
Mira, con la mano en el corazón, esto tiene pura azúcar, pura miel. Servir a los demás es el trabajo más gratificante que uno puede hacer en la vida y ese es mi propósito. He pasado 52 años en el campo, trabajando, y veo a mis viejos, donde ya vienen los nietos a trabajar con nosotros. Todo el mundo, que el ministro llama: “el mundo rural”, es parte muy importante de mi vida y me da grandes satisfacciones. El único dolor que he sentido, que no es mío, que es ajeno, que me ha dado dolor a mí, es que usen a la gente del campo, donde llegan vendiendo ilusiones para conseguir votos, los usan en sus dolores, eso a mí me da una pena tremenda, y más ganas de trabajar entonces.

POSTRE:
Llegamos al postre ya, ¿dónde estará María Inés Figari en 10 años más?
No sé, soy inquieta, me ha gustado siempre el trabajo por los demás Siempre he pensando que me encantaría vivir en un pueblo rural, en esas casas a la orilla del camino, mirando, con vecinas que me cuiden la casa, esa vida de campo, en lo urbano, me encanta. No sé donde voy a estar, pero creo que, si me da la fuerza y la salud, espero estar aportando. Por ejemplo, la gente me pide clases de cocina, en una de esas hago clases de cocina en el campo. En alguna época de sequía tuve la idea de hacer cocinas solares, en una de esas las hago después.

¿Y la SAN, como la ve de aquí a 10 años?
Tiene que ocupar el lugar que tuvo. La Sociedad Agrícola fue una institución muy importante, muy respetada, se le consultaba todo y en algún minuto perdió esa relevancia. Pero hoy día veo que, no me consultan todo lógicamente, pero sí me incluyen en muchas cosas. Tal vez porque la conocí de chiquitita, tal vez porque soy serenense y le pongo toda mi alma a esto, no sé. Pero yo he querido que vuelva a ser lo importante que era y ver que el intendente pasado, del gobierno de la Bachellet, me llamó porque quería que nosotros le hiciéramos el peso cuando la minería se vino a pique, ahí te das cuenta que estamos siendo relevante, y que la agricultura, en definitiva, es muy importante para la región.