A fines de 2021 se adjudicó el Consorcio del Desierto el que se lanzó oficialmente en junio de este año, proyecto que, como su mismo lema lo dice, impulsa el desarrollo de la agricultura en el desierto, específicamente, en el norte de Chile. ¿En qué consiste este Consorcio? ¿Cuáles son sus principales objetivos y qué proyectos ya se encuentran en marcha? Estas son algunas de las preguntas que respondieron sus principales involucrados.

El Consorcio del Desierto nace como una alianza estratégica de empresas e instituciones vinculadas al agro, con el fin de resolver colaborativamente todo aquello que haga posible la agricultura en entornos secos, remotos y extremos”, señala Marcia Echenique, secretaria general de Codesser, entidad que lidera el Consorcio que involucra a 22 asociados y 60 actores.

Como Marcia cuenta, Corfo dispuso de un instrumento denominado Programa Tecnológico que busca abordar las brechas del desarrollo de la agricultura de forma asociativa, incorporando tecnología para mejorar la productividad del sector y la diversificación. “A este llamado acude un conjunto de entidades públicas y privadas, que lideradas por Codesser, adjudicaron este programa y que ahora se disponen a iniciar su ejecución”.

En concreto, son cinco entidades coejecutoras: la Universidad Arturo Prat y Universidad Católica del Norte; dos centros de excelencia internacionales: UC Davis Chile y Fraunhofer Chile Research, y un laboratorio de innovación y emprendimiento con talento local: Waki Labs. “Esta combinación de actores diversos, con expertis y miradas complementarias, sumado a una larga trayectoria, han permitido que numerosas empresas relacionadas con la agricultura, se interesen y vean la agricultura del desierto con nuevos ojos”, afirma la secretaria general de Codesser.

TRABAJO EN EQUIPO

Codesser, la Corporación de Desarrollo Social del Sector Rural, filial de la SNA, tiene el rol de articulador del Consorcio: “Este es conocer a todos los actores relevantes para que los objetivos del proyecto se cumplan, y trabajar para que estos estén al servicio del desarrollo agrícola. Encontrar nuevas formas de trabajo, tecnologías y colaboraciones para obtener lo mejor del mundo y aplicarlo a esta zona de Chile. Somos responsables de que se cumplan los objetivos técnicos y económicos y que el proyecto se ejecute en tiempo y forma”, señala Marcia.

Por su parte, cada ejecutor tiene su rol específico: “Fundación Fraunhofer Research Chile, y el Instituto Fraunhofer ISE (Alemania), ofrecen su conocimiento y experiencia en el desarrollo de proyectos de energía solar (térmica y fotovoltaica) integrada con tecnologías de desalinización para agua de mar y aguas salobres, como también para el mejoramiento de la calidad del recurso hídrico, con el objetivo de apoyar e impulsar el desarrollo y la sinergia de proyectos hídricos con la generación de nuevos cultivos en el sector agrícola, permitiendo ofrecer soluciones reales y prácticas a los agricultores de la macrozona norte”, añade Felipe Godoy Flores, ingeniero investigador de Fraunhofer Chile.

Francisco Remonsellez, director de director del CEITSAZA, especifica: “la Universidad Católica del Norte y el Centro de Investigación el Agua en el Desierto-CEITSAZA, han puesto a disposición del Consorcio todo su know-how, instalaciones de pilotaje y laboratorios de análisis de aguas con enfoque en apoyar todos los proyectos e iniciativas del consorcio en las cuales el componente aguas y tecnología estén involucrados. Nuestros grupos de trabajo tiene amplia experiencia en sistemas de tratamiento de aguas salinas y residuales para el uso y reúso del recurso hídrico”.

La Universidad Arturo Prat, a través de la Facultad de Recursos Naturales ha puesto a disposición del Consorcio del Desierto, sus capacidades técnicas, infraestructura y equipamiento a través de los investigadores del Área de Agricultura del Desierto con más de 35 años de experiencia en el tema. Así lo asegura José Delatorre, profesor de la Universidad: “Asociados a UC-Davis hemos planteado una propuesta que permita fortalecer el desarrollo agrícola del desierto a través de tecnologías desarrolladas por ambas instituciones, a esto se debe sumar que de manera transversal las investigaciones agrícolas serán apoyadas por el desarrollo tecnológico en el tema de agua y energía por otras instituciones como UCN, Fraunhofer University, Waki Labs entre otros asociados”. Delatorre agrega que esta puesta en marcha además contempla el apoyo de agricultores organizados en cooperativas y empresas ligadas al rubro como SQM, Ariztía, entre otros.

UC Davis Chile, el Centro de Innovación para las Ciencias de la Vida cuyo foco es transferir conocimiento, prácticas, tecnologías desarrolladas en California en el ámbito de la investigación, desarrollo, la transferencia y la extensión, va a apoyar los esfuerzos de la Universidad Arturo Prato en la línea de diversificación de cultivos en la zona del desierto “conectando con la experiencia de investigación y extensión desde California en agricultura del desierto, mejoramiento de cultivos, entre otros”, afirma Olivia Valdés, Coordinadora de Alimentos y Tecnología de UC Davis. “Así también vamos a liderar acciones enfocadas en la estandarización y escalamiento de bioinsumos a partir de residuos agroindustriales fomentando estrategias sostenibles de economía circular con foco en la salud de los suelos y biocontrol”, asegura Valdés, y agrega: “Por otro lado, UC Davis tendrá en rol de Coordinar y facilitar la estrategia de extensión del Consorcio, facilitando el acceso a conocimiento, información, prácticas y tecnologías, que mejoren el desarrollo productivo sostenible y aseguran la adopción tecnológica”.

Desde Waki Labs, su CEO, Patricio Arias comenta: “el rol es colaborar en la construcción de la propuesta de valor que tendrá esta entidad dentro del ecosistema local e internacional, con el objetivo de que se proyecte de manera sostenible y relevante más allá de la ejecución del proyecto”.

En definitiva, y según lo que Patricio Arias de WakiLab afirma, “en palabras cotidianas, esperamos aprovechar las características geográficas y climáticas del desierto de Chile, únicas en el mundo, sumadas al conocimiento de la agricultura desértica que poseen las comunidades locales y a una poderosa red de proveedores, desarrolladores e investigadores, para impulsar soluciones que permitan hacer agricultura en un mundo que se está secando rápidamente (y que no se detendrá por las próximas décadas)”. Con los roles claros, comenzó el trabajo del Consorcio. Según explica Marcia Echenique, han formado equipos y analizado lo que cada involucrado trae para aportar al proyecto.

“Nos ha sorprendido la vasta experiencia de las Universidades Arturo Prat, y Universidad Católica del Norte, que llevan muchos años desarrollando agricultura con agrupaciones de productores agrícolas de los territorios”.

Marcia agrega que también se han dado cuenta del gran interés por parte de la empresa privada de extender sus fronteras productivas, y el desconocimiento que hay en esta materia de la zona norte del país, “saben que la zona puede ser muy ventajosa para producción agrícola, pero también saben que el problema de la calidad del agua es algo a resolver para aprovechar las condiciones climáticas y comerciales favorables”.

MANOS A LA OBRA: PROYECTOS

La secretaria general de Codesser, entidad que lidera el Consorcio, cuenta que los proyectos que forman el Consorcio, se agrupan según la brecha que abordan: brecha hídrica, diversificación de matriz productiva, déficit de infraestructura, soluciones para cultivos sin suelo, y estrategias para desarrollo de estructuras asociativas.

Dentro de los proyectos relacionados con la brecha hídrica, están: Evaluación y empaquetamiento de nuevas alternativas de fuentes de agua para agricultura en el desierto; soluciones tecnológicas de apoyo para mejorar la calidad de agua con alto contenido de metales y sales para su uso en agricultura; validación y empaquetamiento de tecnologías para el tratamiento y reuso residuales en agricultura, entre otros. “Estas iniciativas se enfocan en atacar problemáticas fundamentales como la disponibilidad y calidad del recurso hídrico para agricultura”, afirma Marcia.

Dentro de los proyectos relacionados con el agro, Marcia señala la determinación de especies vegetales para impulsar el desarrollo y escalamiento de cultivos con alto potencial y factibilidad de adaptabilidad a condiciones desérticas. “Esto permitiría identificar la potencialidad y rentabilidad de los esfuerzos territoriales en la exploración de nuevos cultivos y/o variedades adaptadas a las condiciones del desierto (como paltos, cítricos, arándanos, pitaya, entre otros). Además, promoverá el escalamiento de cultivos con desarrollo tecnológico avanzados ya desarrollados en el desierto, como dátiles y azafrán. Se plantea además el rescate de germoplasma local como fuente de futuro mejoramiento genético. Finalmente, los cultivos evaluados y que presenten indicadores de conveniencia económica adecuados serán proyectados en las áreas potenciales, las que serán caracterizadas edafoclimáticamente y analizado el recurso hídrico disponible”, afirma.

En este caso, el proyecto de agro también convoca a agricultores locales, que llevan una trayectoria de innovación y desarrollo en la zona de Pampa del Tamarugal, Pampa Concordia, Camarones, Pica, Chiu Chiu, San Pedro de Atacama.

Otros proyectos en esta misma línea son: Evaluación y empaquetamiento de bioproductos con actividad nematiciada y mejorador de salud de suelos; El Invernadero del Desierto, el que aprovecha la alta disponibilidad diaria de luz y temperatura para acelerar el rendimiento de los cultivos, entre otros.

METAS Y DESAFÍOS

Según explica Patricio Arias, de Waki Labs, las metas a corto plazo son: poner en marcha el Consorcio del Desierto; establecer políticas de funcionamiento, gobernanza, conformación de equipo técnico; definir propuesta de valor orientada los actores priorizados para relacionarse con el Consorcio; definir una visión consensuada de futuro del Consorcio y comenzar la ejecución de los proyectos de portafolio.

Arias especifica que, en cuanto a interacción con la comunidad, las metas son: establecer sistema de bajada de información, establecer lazos con hubs de desarrollo de agricultura desértica; conectar proyectos del portafolio con otras iniciativa y fortalecer a actuales y futuros proveedores y productores para que puedan aprovechar de mejor manera la innovaciones del Consorcio.

A largo plazo, a entre cuatro y seis años, el desafío es construir casos de negocios validados en la industria; abrir relaciones comerciales entre el Consorcio y otros lugares afectados por condiciones de climas extremos. También se busca colaborar en la construcción de nuevas políticas industriales asociadas a la agricultura del desierto; visualizar oportunidades de especialización en la industria y colaborar en la actualización de mallas de estudios para las nuevas generaciones.

En definitiva, “buscamos que Chile se posicione como líder en el mercado de la agricultura del extremo desierto dentro de los próximos 10-15 años”, concluye Arias.