Durante décadas, la agricultura se ha basado en la experiencia acumulada por generaciones de productores: conocer la tierra, interpretar el clima o decidir el mejor momento para sembrar. Y aunque ese conocimiento sigue siendo fundamental, hoy empieza a convivir con una nueva herramienta que transformará el campo: la inteligencia artificial.

Tecnología como imágenes satelitales, drones y sensores han generado una gran cantidad de datos sobre los cultivos y su entorno. La principal novedad es que ahora es posible procesarlos a gran escala y convertirlos en decisiones concretas para el manejo agrícola.

Según explica Matías Delpiano, gerente general de Anasac Digital Solutions (ADS), el cambio ya está ocurriendo. “La inteligencia artificial está empezando a transformar la agricultura de una manera muy concreta. Durante años hemos acumulado una enorme cantidad de datos: imágenes satelitales, sensores, drones, registros productivos y climáticos. Lo que la IA permite hoy es convertir esos datos en decisiones prácticas para el agricultor”.

Este proceso está dando paso a una nueva forma de trabajar el campo, donde la experiencia del agricultor se complementa con el análisis de datos. “Estamos pasando de una agricultura basada principalmente en la experiencia -que sigue siendo muy valiosa- a una agricultura aumentada por datos, donde la información ayuda a anticipar problemas, optimizar manejos y mejorar la productividad”, agrega Delpiano.

Rodrigo Real, gerente de Innovación y Desarrollo Comercial de SQM Yodo Nutrición Vegetal, observa una transformación similar desde el mundo de la innovación agrícola. “La IA actualmente está liderando el camino hacía una nueva era en la agricultura, abriendo múltiples oportunidades, permitiendo la creación de nuevas técnicas para obtener sistemas más eficientes. Poder llevar a cabo el análisis a gran escala de la recopilación de datos de sensores, estaciones meteorológicas, etc, permite una mayor capacidad para tomar decisiones oportunas e informadas”.

El emprendedor e investigador Iván Vera asegura que mientras a nivel personal sí se está usando la IA, no pasa lo mismo a nivel empresas. “Están siendo más cautos de lo conveniente en su adopción, y no usar experimentalmente la inteligencia artificial es absolutamente irracional. Es, yo diría, estúpido. Porque si tú no aprendes a usarla, alguien lo va a hacer y te va a dejar fuera de mercado”.

Afirma que las tecnologías de inteligencia artificial están en una revolución frenética. “Esto es como un tsunami que ya llegó a las costas de Chile”, dice. Y el impacto es evidente: “La inteligencia artificial tiene acceso a la información de todos los satélites de clima. Con ella podemos saber cuándo es el momento más apropiado para sembrar o qué nos conviene hacer según el clima que viene”.

Pero la transformación no solo se mide en información disponible, sino también en productividad. Vera lo ilustra con un ejemplo concreto: “Lo que se hace hoy en 40 días profesional, lo podemos hacer en medio día gracias a la IA. Eso es brutal”. Y agrega: “Entonces es súper rentable aprender a usarlo. Pero lo primero es experimentar, porque la práctica hace al maestro”.

DESAFÍOS PARA SU ADOPCIÓN

Para Delpiano, el verdadero valor de estas herramientas aparece cuando se integran en la toma de decisiones diarias del productor. “En nuestra experiencia, el mayor valor de la IA no está en la tecnología en sí misma, sino en ayudar al productor a tomar mejores decisiones en el momento correcto”.

En esa misma línea, Real destaca que el análisis de datos permite optimizar recursos y anticipar resultados productivos. “Adicionalmente, gracias a la IA se han desarrollado predictores de cosecha y de eventos climáticos, lo que permite anticiparse y lograr mejores rendimientos, disminuir costos y aumentar la sostenibilidad de la producción”.

A pesar de su potencial, la incorporación de estas tecnologías aún enfrenta desafíos. “Las barreras más importantes están en los costos, la complejidad operativa para adoptarlas y la confianza limitan la capacidad de los agricultores para adoptarlas. Muchas soluciones tecnológicas han sido diseñadas desde la ingeniería y no desde la realidad del campo. Por último, es fundamental acompañar la tecnología con asesoría técnica y capacitación”, señala Delpiano.

Desde la experiencia en el sector, Real observa avances, aunque no de manera homogénea. “En los últimos años se han observado avances importantes en la incorporación de herramientas digitales en el sector agrícola. La tecnología avanza rápidamente y cada vez es más frecuente y accesible para los agricultores. En la medida en que la inteligencia artificial se integre de manera sencilla y práctica en los procesos productivos, su adopción seguirá creciendo”.

Mirando hacia adelante, los especialistas coinciden en que el cambio recién comienza. “En los próximos años veremos una agricultura cada vez más predictiva y automatizada. La inteligencia artificial permitirá anticipar rendimientos, detectar problemas antes de que sean visibles y optimizar muchas decisiones productivas. También veremos una integración mucho mayor entre distintas tecnologías: satélites, drones, maquinaria, sensores y modelos predictivos trabajando juntos”, asegura Delpiano. “Pero quizás el cambio más importante será que el agricultor tendrá mucho más conocimiento sobre lo que ocurre dentro de su campo, lo que permitirá una gestión mucho más precisa, rentable y sostenible”, agrega.

Para Real, además, la adopción de estas tecnologías será clave para el posicionamiento del país en los mercados globales. “Para Chile, incorporar y experimentar con IA en la agricultura es fundamental para mantener su competitividad en los mercados internacionales y asegurar la calidad y sostenibilidad de sus producciones”.

Así, el agro comienza a entrar en una nueva etapa en la que tradición y tecnología no compiten, sino que se potencian. Como resume Iván Vera: “Todos los agricultores de Chile, todos los expertos en regadío, en semillas, en lo que sea, pueden usarla. Todos podemos. El problema es que a veces no sabemos que podemos, o no creemos que podemos”.

EMPRESAS QUE IMPULSAN LA AGRICULTURA DEL FUTURO

Anasac Digital Solutions (ADS) es la unidad que impulsa la transformación digital dentro del ecosistema de Anasac. El foco es conectar la agronomía con la tecnología, habilitando soluciones que realmente aporten valor al productor. “Un punto muy importante es que no buscamos desarrollar tecnología por sí sola, sino soluciones que resuelvan problemas reales del agricultor, desde la estimación de cosecha hasta la detección temprana de problemas productivos o sanitarios”, explica Matías Delpiano

SQM Yodo Nutrición Vegetal, en tanto, es una división líder global con sede en Chile, especializada en producir yodo y fertilizantes de alta especialidad a partir de caliche. Rodrigo Real cuenta que están desarrollando soluciones de nutrición vegetal de alta eficiencia que integran tecnologías de bioinformática, biotecnología y aplicaciones. Además, siguen validando y desarrollando técnicas a través de sensores de bioseñales que son analizadas con IA, lo que podría permitir monitorear en tiempo real las condiciones nutricionales de los cultivos. “Nuestro objetivo es contribuir a una agricultura cada vez más productiva y eficiente en el uso de recursos y en vanguardia con los desafíos medioambientales de cara al futuro”.