Después de cuatro años de trabajo, la iniciativa que busca fortalecer la agricultura en zonas áridas de nuestro país enfrenta nuevos desafíos: salir al mercado con cinco líneas de proyectos que deberán sostenerse en el mercado.

Son más de 50 entidades, incluyendo universidades, centros de investigación, empresas, asociaciones gremiales, municipalidades, entidades públicas y regionales, los que han participado en el Consorcio del Desierto. Se trata de una iniciativa de Corfo liderada por la Corporación de Desarrollo Social del Sector Rural (Codesser) que, desde 2022, busca fortalecer la agricultura en las zonas áridas de las regiones de Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta, con una inversión pública-privada de más de 2.000 millones de pesos.

Hasta 2025, el programa abordó los principales desafíos del sector agrícola, levantando ciertas brechas relacionadas con nuevas fuentes de agua, diversificación de matriz productiva, suelos y sustratos, infraestructuras habilitantes para realizar agricultura y asociatividad de agricultores. “Detectamos iniciativas que respondían a estas brechas y las desarrollamos durante los primeros cuatro años. Ahora estamos en una etapa más madura”, comenta Marcia Echenique, secretaria general de Codesser.

Después de seleccionar cada proyecto presentado de acuerdo con su madurez tecnológica, llegó el momento de afinar el ojo en lo económico. Así es como en este quinto año de ejecución, el programa abrió un segundo período en pro del escalamiento comercial y de transferencia de las prácticas a los agricultores. “El primer desafío ahora es sacar adelante las propiedades intelectuales para que podamos proteger todo el resultado de las investigaciones. Esto hace que sea viable una comercialización segura. En segundo lugar, debemos lograr que esta comercialización sea sostenida y maciza, generando los estándares de producción para que ello ocurra; es decir, armar un sistema que satisfaga la demanda”, precisa Marcia.

PROYECTOS A MAYOR ESCALA

Luego de esta labor colaborativa entre lo privado, público y académico, surgieron cinco proyectos definitivos que tiene el desafío de crecer en el mercado: el escalamiento sustentable de salicornia de Tarapacá; empaquetamiento para producción comercial de dátiles y sexaje de palmas; producción sustentable de pitahaya en el desierto costero de Tarapacá; empaquetamiento invernadero unidad productiva (UPA) e invernadero 2.0, y transferencia y comercialización del compost Bioconcordia.

Bentevo es la empresa que desarrolló el primero de ellos. Hace no muy poco tiempo, las aguas residuales de diferentes plantas desalinizadoras del norte del país iban de vuelta al mar. Hoy esas mismas aguas salobres riegan cultivos de salicornia, una suculenta capaz de eliminar el exceso de cloruro de sodio que no necesitan, y cuyos beneficios van desde su uso como alimento fresco, la producción de aceite hasta el biodiesel.

Alfredo Doberti, Gerente General de Bentevo, saca cuentas positivas de aquella primera etapa durante la cual realizaron el piloto del cultivo de salicornia: “Encontramos la técnica para mantener la planta produciendo todo el año, pasando el ciclo invierno/ verano completo; logramos un buen rendimiento a alta concentraciones de sal, lo que lo hace más rentable”. Ese era el principal reto de los dos últimos años probando cuál de las tres variedades de la suculenta se adapta mejor a las condiciones en Iquique: la chilena, la mexicana o la europea.

“El trabajo dentro del Consorcio ha sido una oportunidad para armar un clúster de gente que está en la misma sintonía, porque los desafíos de producir en el norte son bien específicos. Hay diferentes temas que podemos abarcarlos desde diferentes frentes. Además, se ha dado un equilibrio muy bueno entre el mundo privado y las universidades”, destaca. En ese sentido, agrega: “También agradecemos a los profesionales de la Universidad Arturo Prat, quienes han estado involucrados en el proyecto desde el principio y son parte importante en los logros obtenidos”.

Si bien son cinco productos que iniciarán esta nueva etapa, no abandonarán a los que quedaron en el tintero. La virtud del programa, señala Marcia, es que al hacer rendir económicamente estas iniciativas, se hace posible la generación de nuevos recursos para continuar el avance de las que no pasaron esa primera fase. “Además, producir en condiciones de extrema aridez y en suelos salinos, con alta presencia de minerales no solo representa un desafío técnico, sino también una contribución estratégica a la seguridad alimentaria en escenarios de crisis extremas”, concluye.

ENCUENTRO DEL DESIERTO

Entre el 15 y el 19 de junio de 2026 se realizará el Gran Encuentro del Desierto en Arica y Parinacota. Cuatro días donde se reunirán expertos internacionales en agricultura de zonas áridas, investigadores de la NASA, empresas, académicos, instituciones y otros estamentos. La primera versión de este encuentro se realizó en 2024 en Canchones, en la Pampa del Tamarugal, y reunió exitosamente a más de 500 personas en torno a los desafíos y oportunidades de la agricultura en el desierto.