Mientras el mundo enfrenta guerras, tensiones comerciales y una acelerada carrera tecnológica, Chile tiene la oportunidad de transformarse nuevamente en un referente global. El desafío, planteó el analista internacional Libardo Buitrago, es aprovechar esta “segunda globalización” con más inversión, innovación y una mirada estratégica de largo plazo.

Del desorden mundial a una nueva ventana de crecimiento

Guerras, tensiones comerciales, inteligencia artificial, disputas entre Estados Unidos y China, conflictos en Medio Oriente y una creciente incertidumbre global. A simple vista, el escenario internacional parece dominado por malas noticias.

Sin embargo, el analista internacional Libardo Buitrago planteó una mirada distinta durante el seminario “Cómo viene la temporada 2026-2027” de la Sociedad Nacional de Agricultura. Su tesis fue clara: detrás de la incertidumbre global existe una oportunidad histórica para Chile, comparable a la que permitió el gran salto económico del país en los años noventa.  “Lo que pareciera ser que son malas noticias es un tsunami de muy buenas noticias”, afirmó al iniciar su exposición. 

El viejo orden mundial terminó

Según Buitrago, el mundo ya no funciona bajo las reglas que dominaron las últimas décadas. El sistema internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial perdió vigencia y las instituciones multilaterales han demostrado ser incapaces de responder a los conflictos actuales. 

A su juicio, el punto de inflexión fue el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025, marcando el inicio de una nueva etapa caracterizada por alianzas cambiantes, competencia tecnológica y una creciente fragmentación global.  En este nuevo escenario, la disputa principal ya no es ideológica. El centro de la competencia mundial es tecnológico.

La gran carrera: inteligencia artificial y liderazgo global

Para el expositor, la inteligencia artificial representa una transformación comparable a la irrupción de Internet en los años noventa, pero con un impacto económico mucho mayor. 

Estados Unidos y China compiten por liderar esta revolución tecnológica, movilizando inversiones de una magnitud inédita. Washington busca mantener su ventaja mediante fuertes inversiones en inteligencia artificial, mientras Beijing necesita asegurar mercados y cadenas de suministro que sostengan su crecimiento económico. 

La lección de los años 90

Uno de los momentos más llamativos de la charla fue la comparación con el Chile de los años noventa. Buitrago recordó cómo el país aprovechó la primera gran ola de globalización tras el fin de la Guerra Fría, en los gobiernos de Patricio Aylwin, Eduardo Frei y Ricardo Lagos. Destacó la continuidad de políticas públicas, la apertura comercial, la firma de tratados internacionales y una visión compartida de desarrollo que trascendió diferencias políticas. 

A su juicio, Chile logró transformarse porque tuvo reglas claras, estabilidad y una estrategia orientada a integrarse al mundo: “Chile dejó de ser pobre porque se subió a la primera globalización”, sostuvo. 

Agua, innovación e inversión: las prioridades

Si el mundo está entrando en una segunda globalización, la pregunta es cómo puede Chile aprovecharla. La respuesta de Buitrago fue directa: innovación e inversión. 

Entre las prioridades destacó la necesidad de avanzar decididamente en infraestructura hídrica, gestión eficiente del agua, combate a la desertificación, desarrollo tecnológico, inteligencia artificial, ciberseguridad y diversificación de mercados.  

Para el analista, los principales desafíos para el futuro del país son: estabilización macroeconómica, impulso a la inversión productiva, diversificación de mercados, comercio internacional, sustentabilidad y colaboración entre el sector público y privado. 

Para Buitrago, el contexto internacional no debe ser visto únicamente como una amenaza. Así como Chile aprovechó la primera globalización para abrir mercados y transformarse en una economía exportadora, hoy enfrenta una nueva oportunidad. La clave estará en recuperar la capacidad de invertir, innovar y construir acuerdos de largo plazo que permitan al país subirse nuevamente al tren del crecimiento.


ECONOMÍA:

Temporada 2026-2027: menos margen y más incertidumbre

El mundo crece menos, los costos suben y la competencia avanza rápido. Ese fue el escenario que Alejandro Weber proyectó para la temporada 2026-2027, junto con los desafíos que tendrá el agro chileno para ganar productividad, abrir nuevos mercados y transformar sus ventajas naturales en mayor valor agregado.

Para una economía pequeña y abierta como la chilena, los conflictos internacionales no son hechos lejanos. En el seminario “¿Cómo se viene la temporada 2026-2027?” de la SNA, Alejandro Weber, decano de Economía y Gobierno de la USS y ex subsecretario de Hacienda, abordó cómo la guerra entre Rusia y Ucrania, las tensiones en Medio Oriente y la política arancelaria de Estados Unidos terminan golpeando directamente los precios, la inflación, el comercio y las expectativas de crecimiento.

En su análisis, el comercio internacional está cada vez más condicionado por decisiones políticas. “Las decisiones del comercio internacional se están tomando políticamente y no en relaciones de oferta y demanda”, sostuvo Weber, al explicar cómo los aranceles, las restricciones y la incertidumbre geopolítica han debilitado la inversión y reducido las proyecciones de expansión.

Chile corre más lento que el resto

Aunque la desaceleración es global, Weber subrayó que Chile ha perdido velocidad con más fuerza. “Es cierto que el mundo se ha ido desacelerando, pero Chile ha desacelerado más”, señaló. A los factores externos se suman, según su diagnóstico, decisiones internas que han afectado la inversión: mayor gasto fiscal, aumentos de impuestos, incertidumbre política y regulatoria, además del impacto posterior al estallido social y los procesos constitucionales.

La inflación también ocupó un lugar central. Weber recordó que los retiros previsionales inyectaron cerca de 50 mil millones de dólares, a lo que se agregaron ayudas estatales por otros 25 mil millones. Ese mayor consumo contribuyó al aumento de precios que llevó la inflación a 13% en 2022. Si bien el Banco Central logró reducirla, los nuevos shocks internacionales, especialmente en combustibles, volvieron a presionar los precios.

Según las cifras expuestas, en marzo de 2026 el mercado proyectaba una inflación cercana al 3%. En junio, esa expectativa ya se ubicaba en torno al 4,3%. Al mismo tiempo, las estimaciones de crecimiento se han ajustado a la baja: mientras Hacienda proyecta 2,6%, la OCDE redujo su estimación a 1,7%.

El consumo también muestra señales de alerta. En el primer trimestre cayó 1,7%. A eso se suma un desempleo de 9,1%, que llega a 10,5% en mujeres y se acerca al 24% entre los jóvenes.

Costos laborales y presión sobre las empresas

Uno de los puntos más sensibles de la exposición fue el aumento de los costos de producir en Chile. Weber puso especial atención en el costo laboral. En los últimos cuatro años, señaló, el sueldo mínimo subió 23% real, mientras los salarios de mercado aumentaron cerca de 6%.

Para graficar esa diferencia, planteó que “la economía nos está diciendo: yo puedo absorber un incremento de los costos del 6%, pero el Estado me fija un precio con el 23%”. En sectores intensivos en empleo, como el agrícola, los mayores costos laborales, financieros y regulatorios reducen márgenes y afectan la capacidad de invertir, contratar y competir. Por eso, el crédito tributario al empleo fue mencionado como una herramienta para aliviar costos y proteger puestos de trabajo.

El agro pesa más de lo que muestran las cifras

El ex subsecretario destacó que la relevancia del sector silvoagropecuario supera su participación directa en el PIB. Aunque representa 3,2% de la producción nacional, su impacto puede llegar a 14% al considerar industrias asociadas. También es clave en empleo: agricultura, ganadería, silvicultura y pesca ocupan a más de 580 mil personas, equivalentes al 6,1% de la fuerza laboral.

En regiones como O’Higgins, Maule y Ñuble, cerca de un quinto de los trabajadores depende de esta actividad. Pese a ese aporte, Weber mostró que el apoyo estatal al sector agrícola en Chile es comparativamente bajo, con un 0,24% del PIB, por debajo de Perú, Brasil, México, Estados Unidos y la Unión Europea. Aunque existen instrumentos como créditos Corfo, INDAP, Ley de Riego y FIA, el respaldo sigue siendo acotado frente a varios competidores.

Competidores que avanzan rápido

El comercio exterior silvoagropecuario chileno mantiene fortalezas importantes, especialmente en fruta fresca y frutos secos. También hay señales de recuperación en frutas y hortalizas procesadas. Sin embargo, Weber advirtió que no todos los rubros muestran el mismo dinamismo; por ejemplo, vinos y alcoholes han enfrentado una caída sostenida de precios.

La competencia se mueve rápido. Perú ha tenido un fuerte crecimiento en arándanos, frutillas y paltas, mientras Chile muestra una evolución más estable. Nueva Zelandia y Vietnam también aparecen como actores relevantes donde el país busca mantener liderazgo.

Según Weber, la demanda global apunta cada vez más hacia alimentos saludables, sostenibles, orgánicos, con certificaciones y atributos claros de calidad. Ya no basta solo con llegar a destino: el valor agregado, la trazabilidad y la sostenibilidad pesan cada vez más en la decisión de compra.

Nuevos mercados, innovación y valor agregado

El crecimiento poblacional y económico proyectado hacia 2050 abre oportunidades en mercados que Chile todavía explora poco, como India, Indonesia, Bangladesh, Pakistán, Etiopía, Nigeria, Medio Oriente, Norte de África y el Sudeste Asiático.

Frente a este escenario, Weber planteó cuatro caminos para recuperar competitividad: reducir costos regulatorios, fortalecer la investigación, el desarrollo y la innovación; diversificar mercados; y avanzar en valor agregado basado en calidad y sostenibilidad.

Su diagnóstico plantea que la temporada 2026-2027 llega con menos margen y más incertidumbre. Para el agro chileno, el desafío será competir con más productividad, tecnología, inteligencia comercial y una estrategia país capaz de transformar sus ventajas naturales en liderazgo ecoalimentario.