Septiembre, el mes de la Patria, es siempre una buena oportunidad para detenernos a mirar nuestro país, agradecer lo que tenemos y reconocer también todo lo que podemos construir. Chile tiene una geografía privilegiada, recursos naturales, emprendedores, trabajadores y una agricultura capaz de producir alimentos de calidad para millones de personas en los mercados más exigentes del mundo.

Tenemos mucho de qué sentirnos orgullosos. Pero ese enorme potencial no está garantizado. Para transformarlo en crecimiento, inversión, empleo y mejores oportunidades para las regiones, necesitamos hacernos cargo de desafíos que hoy son especialmente urgentes.

Uno de ellos es nuestra inserción internacional. El aumento de aranceles impuesto por Estados Unidos afecta nuestra competitividad. Valoramos el trabajo que se está realizando y esperamos que las negociaciones permitan recuperar el arancel cero establecido en nuestro Tratado de Libre Comercio. Chile cumple sus compromisos, cuenta con altos estándares laborales, sanitarios, de trazabilidad e inocuidad y, además, nuestra agricultura complementa la producción estadounidense al exportar principalmente en contraestación.

Esta situación nos recuerda la importancia de seguir diversificando nuestros destinos. Pero abrir mercados ya no es suficiente. Debemos ser capaces de llegar a nuevos consumidores, ampliar nuestra presencia dentro de los mercados donde ya estamos y diferenciarnos por aquello que Chile sabe hacer bien: calidad, inocuidad, trazabilidad, sustentabilidad y confianza. El mundo está cambiando y debemos mirar con decisión las oportunidades que ofrecen Asia, India, Medio Oriente y otros destinos con una creciente demanda por alimentos.

Las intensas lluvias de este invierno mostraron las dos caras del agua. Dejaron daños en caminos, puentes y sistemas de riego, pero permitieron una recuperación hídrica que hace pocos meses parecía muy lejana. La lección es clara: necesitamos estar preparados tanto para la escasez como para la abundancia. Chile necesita proyectos de largo plazo que trascienden los gobiernos de turno. La crisis hídrica no se resuelve con anuncios, sino con inversión que dé certezas a quienes producen alimentos y generan trabajo en regiones.

Y justamente el empleo es otra de nuestras grandes preocupaciones. Chile enfrenta tasas de desempleo superiores al 9%. Frente a esa realidad, el agro tiene mucho que aportar. Somos una actividad intensiva en empleo, profundamente regional y con una cadena que moviliza transporte, logística, servicios, comercio, agroindustria y exportaciones. Cuando la agricultura crece, las oportunidades llegan a territorios donde muchas veces existen menos alternativas laborales.

Para hacerlo, necesitamos también campos más seguros y una agricultura capaz de incorporar rápidamente las nuevas tecnologías. Desde la SNA estamos trabajando en ambos frentes: fortaleciendo la coordinación con Carabineros y los gremios regionales para enfrentar los delitos rurales, y acercando la innovación al campo a través de iniciativas como Desafío Conectagro y de la formación técnico-profesional que desarrollan los colegios de SNA Educa.

El desafío que tenemos por delante es enorme, pero también lo es la oportunidad. Chile tiene las condiciones para dar un nuevo salto como potencia agroalimentaria, pero debemos transformar esas ventajas en competitividad, inversión y oportunidades. En este mes de la Patria, celebremos lo que somos, pero sobre todo preguntémonos qué país queremos construir.

Antonio Walker Prieto
Presidente
Sociedad Nacional de Agricultura