Las brechas productivas de Chile ya no son las mismas que hace medio siglo. A la necesidad de generar oportunidades se suman hoy la escasez hídrica, la transformación tecnológica, la diversificación productiva y mercados cada vez más exigentes. En ese escenario, Codesser llega a sus 50 años con un sello construido desde sus orígenes en el mundo rural: conocer cada territorio, conectar actores y generar capacidades que permanezcan más allá de cada proyecto.

Una empresa que necesita mejorar su calidad para acceder a nuevos mercados. Productores que deben hacer frente a una disponibilidad de agua cada vez más limitada. Una región que busca diversificar su economía o una pequeña empresa que necesita incorporar tecnología para seguir siendo competitiva. Son realidades distintas, unidas por la necesidad de generar oportunidades de desarrollo que respondan a las particularidades de cada región, provincia y comuna.

Esa tarea está en el origen de Codesser. La Corporación de Desarrollo Social del Sector Rural nació en 1976, impulsada por la Sociedad Nacional de Agricultura, en un Chile donde las brechas entre el mundo rural y urbano se expresaban en el acceso a caminos, electricidad, agua potable y educación.

Su primera respuesta estuvo en la formación. Durante más de tres décadas administró establecimientos técnicoprofesionales agrícolas que, además de formar jóvenes, se convirtieron en puntos de encuentro para productores, capacitaciones, ferias y actividades ligadas al desarrollo local. Esa labor fue posteriormente traspasada a la Corporación Educacional SNA Educa, que continuó la tarea educativa, mientras Codesser profundizó otras líneas de trabajo vinculadas al desarrollo productivo.

Para Marcia Echenique, Secretaria General de Codesser, detrás de esas distintas etapas permanece un mismo propósito. “Nuestra misión sigue siendo la misma: contribuir a que el futuro de una persona no dependa del lugar donde nació, sino de su talento, su trabajo y su visión”, sostiene.

Un momento decisivo en esa trayectoria llegó en 1996. La experiencia y las redes construidas desde el mundo agrícola llevaron a Codesser a convertirse en agente operador de Corfo. “Ya no se trataba solo de formación, sino también de detectar brechas en empresas, reunir capacidades y transformar esas necesidades en proyectos de fomento”, cuenta la Secretaria General. Lo que comenzó principalmente en el agro fue ampliándose después hacia turismo, pesca, minería y otros sectores productivos, y años más tarde se incorporó también el trabajo como agente operador de Sercotec.

Hoy Codesser desarrolla iniciativas de fomento productivo, desarrollo regional, emprendimiento, innovación y transferencia tecnológica. Durante 2025 administró más de $55 mil millones, gestionó 637 proyectos y atendió a 7.525 empresas, su impacto aparece precisamente cuando esos programas terminan.

Echenique recuerda el caso de un grupo de agricultores de El Maule que, hace cerca de dos décadas, participó en un Grupo de Transferencia Tecnológica (GTT) y luego conformó un proyecto asociativo para producir y comercializar arándanos. “Lograron el volumen y la calidad necesaria y pudieron exportar su primer contenedor. Esa exportación les abrió las puertas a un contrato más grande y, para cumplirlo, comenzaron a trabajar también con otros productores más pequeños”, relata.

Los apoyos finalizaron hace años, pero Valle Maule continuó creciendo como empresa exportadora e incorporando productores a su cadena. Para Echenique, ahí se expresa una parte fundamental del aporte de la Corporación. “Lo más importante está en formar personas capaces de reconocerse a sí mismas como agentes de transformación”, señala.

CONOCER EL TERRITORIO PARA DECIDIR MEJOR

Esa capacidad de acompañar procesos depende también de entender qué ocurre en cada región. Paulina Saravia, Gerente Regional de Codesser en Ñuble y Biobío, explica que el trabajo ha dejado de estar concentrado únicamente en administrar instrumentos para asumir una mirada más estratégica sobre el desarrollo regional.

“La transformación más relevante que experimentan Biobío y Ñuble es la acelerada diversificación de sus matrices productivas”, señala. Agroalimentos, actividad forestal, construcción, turismo, logística portuaria y energía conviven hoy en zonas que ya no pueden analizarse a partir de una única vocación.

Para Saravia, comprender esa realidad requiere presencia. “Eso es algo que jamás se logra detrás de un escritorio. Se construye en terreno, conversando con la gente, participando activamente en espacios regionales, escuchando a las asociaciones gremiales y manteniendo una vinculación permanente y cercana con los actores productivos”.

Ese conocimiento permite también acompañar la evolución de las empresas. Una necesidad inicial de abastecimiento puede dar paso a desafíos de calidad, comercialización, acceso a nuevos mercados y, más adelante, innovación y valor agregado. “La transformación real la constatamos cuando la conversación con la empresa evoluciona”, explica Saravia.

NUEVAS BRECHAS PARA UNA NUEVA ETAPA

En Atacama y Coquimbo, esa mirada regional se enfrenta a desafíos que hace algunas décadas tenían otra dimensión. Patricio Herrera, Gerente Regional de Codesser en ambas regiones, describe economías donde minería, agricultura, pesca, turismo y servicios deben responder simultáneamente al cambio climático, las nuevas exigencias de los mercados y la necesidad de innovar.

El agua es uno de los ejemplos más evidentes. Si antes la discusión se concentraba principalmente en enfrentar la sequía, Herrera sostiene que hoy el desafío es adaptarse permanentemente a la escasez hídrica. En Coquimbo, distintos programas han permitido incorporar sondas de riego, telemetría, revestimiento de canales y tecnificación intrapredial. A ello se suma el programa Transforma Hídrico Coquimbo, que articula innovación, capacidades e inversión en torno a un uso más eficiente del recurso.

Para Herrera, responder a estos desafíos implica incorporar tecnología y, al mismo tiempo, revisar procesos, modelos productivos y formas de comercialización. “La innovación dejó de ser un concepto asociado únicamente a la tecnología. Hoy innovar significa encontrar mejores soluciones para producir, comercializar, gestionar y colaborar”, afirma.

En Atacama ocurre algo similar. Experiencias como el PTI Cadenas Agroindustriales han permitido trabajar con sectores como la olivicultura, el pajarete y la horticultura, fortaleciendo capacidades y articulando a los actores de esas cadenas. Al mismo tiempo, Herrera identifica oportunidades futuras en minería sostenible, energías renovables, astronomía y turismo científico, mientras Coquimbo combina potencial en agroindustria, vitivinicultura, pisco, turismo y economía azul.

Ese escenario amplía también el rol que puede cumplir Codesser. “Los problemas actuales son demasiado complejos para ser abordados por una sola institución”, advierte Herrera. Para enfrentarlos, plantea, se requiere conectar empresas, universidades, centros tecnológicos, gobiernos regionales, municipios y servicios públicos.

UNA NUEVA ETAPA PARA LOS PRÓXIMOS 50 AÑOS

Echenique agrega otra dimensión a esos desafíos. Para que las transformaciones productivas perduren, sostiene, deben considerar también a quienes se ven involucrados en ellas. “Para que el desarrollo sea sostenible, tiene que incluir a todos. Ahí nosotros podemos aportar una dimensión más humana, que incorpore a todas las personas que están en torno a una gran inversión o a una transformación productiva”, plantea.

Ese enfoque presenta, a su vez, un desafío de escala. Codesser ha construido buena parte de su trabajo desde el acompañamiento cercano y el conocimiento de cada región, pero llegar a más empresas y comunidades exigirá incorporar nuevas herramientas. “Hoy tenemos en nuestro ADN la dimensión territorial, pero la tecnología y la inteligencia artificial también deben integrarse plenamente a nuestras capacidades. Tenemos que encontrar la fórmula para llegar a todos esos lugares donde el desarrollo todavía no es una realidad”, sostiene Echenique.

Proyectar a Codesser hacia una nueva etapa tiene, además, un significado especial para su Secretaria General. Este año, ella y la institución cumplen 50 años. “Es una coincidencia que me resulta muy significativa. Cumplir 50 años es contemplar lo recorrido con gratitud, pero también preguntarse cómo queremos vivir la etapa que viene. Siento que Codesser está en ese mismo momento: valorando una historia de la cual podemos sentirnos orgullosos y, sobre todo, renovándose para seguir siendo relevante frente a los desafíos del futuro”, reflexiona.

Tras medio siglo, Codesser ha pasado de formar jóvenes en escuelas agrícolas a trabajar con empresas, emprendedores, comunidades y diversos sectores productivos. Su propósito, sin embargo, permanece: contribuir a igualar oportunidades y generar capacidades que perduren en los territorios.

Para Echenique, esa continuidad no significa quedarse inmóvil. “El mayor homenaje que podemos hacer a esta trayectoria no es solamente recordar lo que hemos hecho, sino atrevernos a imaginar todo lo que todavía podemos aportar. Tenemos una historia, una presencia territorial y un propósito muy valiosos. Ahora debemos sumar nuevas capacidades, transformar nuestra forma de trabajar y fortalecer nuestra manera de colaborar para llegar a más personas y territorios”.

“Este aniversario es una oportunidad para agradecer y también para sorprendernos de lo que se puede lograr cuando existe una visión compartida y personas comprometidas con hacerla realidad. Reconocemos nuestra historia con orgullo y enfrentamos los próximos 50 años con esperanza y decisión”, concluye.