Proveniente de una familia ligada por generaciones al campo, Recaredo Ossa Balmaceda es Director Nacional de la SNA y socio fundador de Terravalue, consultora estratégica especializada en la agricultura. Este año, la empresa concretó una importante alianza con la red internacional de asesoría en fusiones y adquisiciones CDI Global M&A, lo que ayuda a conectar empresas con inversionistas y compradores de otros países.
Casado, padre de tres hijos y abuelo de cinco nietos, en este almuerzo conversamos sobre sus raíces, la tradición agrícola de su familia, el valor de combinar experiencia y nuevas generaciones y los desafíos que enfrenta un sector que, asegura, tiene mucho de negocio, pero todavía más de forma de vida.
Aperitivo
Comencemos con un aperitivo. Vienes de una familia con una larga historia ligada al campo, ¿qué fue lo que te marcó y te llevó a dedicarte a la agricultura?
Me marcó mucho el contacto con la naturaleza y saber que uno está produciendo un alimento, que es una labor muy noble. Pero, por sobre todo, me marcó la gente. La gente que vive y trabaja en el campo, sus tradiciones. Creo que eso es de lo más increíble que tiene la agricultura de este país. Es parte de nuestras raíces, de nuestra historia, y a mí me mueve y me conmueve mucho.
En mi caso, dedicarme a esto nació muy naturalmente. De niño ya trabajaba en el campo durante los veranos, con la familia, y después seguí haciendo lo mismo, solo que ya por un sueldo o una retribución.
Ser agricultor también tiene algo muy particular: de alguna manera, vives en tu oficina. Trabajas en el campo y duermes “en la oficina”, incluso los fines de semana. Si te gusta, termina siendo una combinación de hobby, gusto y trabajo.
Has trabajado en Chile y también te ha tocado conocer la agricultura en distintos lugares del mundo. ¿Qué crees que distingue al agricultor chileno?
He tenido la suerte de trabajar no solo en Chile. Me tocó vivir en Estados Unidos y trabajar en Arabia Saudita, Turquía, Chipre, Canadá, México He podido ver agricultura en muchas partes y te diría que lo de Chile es bien impresionante.
Nuestra agricultura es muy innovadora, muy de vanguardia. Cuando se dan las condiciones para que la gente pueda emprender y desarrollarse, lo hace. Chile, siendo un país pequeño en tamaño y en agricultura, es un jugador muy relevante en muchos ámbitos, como la fruticultura y el mundo vitivinícola. Eso muestra una agricultura muy pujante, innovadora y de vanguardia.
Y las tradiciones son algo que no se pierde. Cambian las formas: tal vez antes uno se movilizaba a caballo y hoy lo hace en moto, pero la gente sigue subiéndose al caballo, sigue haciendo y viendo rodeo. Son cosas que permanecen muy vigentes y están en el ADN del agricultor y de la gente de campo chilena.
El campo es una manera de vivir. Es un modo de vida que a veces permite también vivir de él, pero que tiene muchas más connotaciones que solamente ser un buen negocio, aunque también pueda serlo.
En tu familia ha habido cuatro generaciones de Recaredo Ossa vinculadas a la agricultura y a la SNA. ¿Cómo vives esa tradición?
Es muy bonito, pero creo que es importante que cada uno pueda elegir libremente. Las tradiciones tienen que ser una inspiración y no un peso o una carga. Estoy feliz de que mi hijo esté en la agricultura, porque creo que es una actividad preciosa y él la ha elegido libremente.
Además, cada generación va aportando cosas nuevas. Hoy se habla de inteligencia artificial, de tecnología. Cada generación hace su aporte de una manera diferente y de acuerdo con los tiempos que le toca vivir.
¿Qué aprendiste tú de las generaciones anteriores, y qué te gustaría que las nuevas recogieran de la actual?
Más que algo específico, creo que uno aprende de la experiencia. Cuando uno es joven tiene mucha fuerza y muchas ganas, pero eso se va combinando con lo que entregan los años: aprender de los errores, la templanza, la sabiduría y entender que las cosas hay que hacerlas bien y no necesariamente tan apurado.
Por eso creo que es muy positivo cuando distintas edades y experiencias trabajan juntas, ya sea en un campo o en una empresa. Se combina la fuerza, las ganas, lo nuevo y el cuestionarse las cosas con la experiencia y la sabiduría. Cada uno aporta algo y se genera un balance muy positivo.
Entrada y plato de fondo
Entrando al plato de fondo, llevas más de una década participando en la SNA: fuiste vicepresidente en distintos períodos y hoy eres director nacional. ¿Cómo has visto cambiar al gremio?
La SNA es un buen reflejo de cómo ha ido evolucionando la agricultura. Hoy es mucho más tecnologizada, mucho más internacionalizada y exportamos una gran cantidad de productos. Hace 30 años probablemente el idioma no era un tema, pero actualmente todo el mundo habla inglés, se maneja con tecnología y con herramientas digitales. La SNA ha ido reflejando esos cambios: estar en esos temas, mantenerse a la vanguardia, buscar asociatividad y generar valor también en otras latitudes.
Creo que se ha ido adaptando y cumpliendo su rol de acuerdo con los nuevos tiempos. Y eso es justamente lo que hace que siga siendo un gremio muy activo y muy vivo.
Este año Terravalue inició una nueva etapa junto a CDI Global en Chile, ligada a fusiones, adquisiciones e inversiones. ¿Qué oportunidades abre esa alianza?
Creo que esto es muy bueno para Chile. Este tipo de empresas agregan valor, traen negocios y conectan, en este caso, a Chile con el mundo. CDI tiene 46 oficinas en 30 países, entonces permite generar atracción de negocios desde y hacia Chile.
A nosotros, como Terravalue, nos abre muchos escenarios para la agricultura. Nos conecta con más inversionistas que buscan agregar valor y aportar capital. Nos permite ser un actor serio a nivel global en el mundo de los alimentos y la agricultura. Es una gran noticia para nosotros, para Chile y para el sector.
Presides el Consejo Empresarial Sectorial de Agroindustria de INACAP y eres vicepresidente del directorio. ¿Qué importancia tiene hoy la formación técnico-profesional para la agricultura?
Para mí INACAP es particularmente importante por haber estudiado ahí. Siento que estoy tratando de devolver un poco de lo mucho que me dio. Es la organización educacional más grande de Chile y le permite a mucha gente cambiar su vida.
Creo que la formación técnico-profesional va a adquirir una relevancia brutal por dos razones. Primero, porque en dos años te permite comenzar a trabajar. Y segundo, porque lo que uno aprende en esos dos años, o incluso durante cinco años en una carrera universitaria, rápidamente puede quedar obsoleto. Por eso tenemos que estar reentrenándonos de manera permanente. Necesitamos carreras más cortas, que permitan volver a capacitarse con mucha periodicidad.
Además, INACAP tiene un sello de integridad muy grande. Se pone mucho énfasis en ir más allá de los conocimientos: en valorar el trabajo en equipo, manejar nuevas tecnologías y, en el fondo, “aprender a aprender”. Eso es tremendamente relevante porque el conocimiento está cambiando muy rápido. Como decía mi abuelo, “nada es más constante que el cambio”.
También has estado vinculado a la innovación agraria. ¿Está el agro chileno avanzando a la velocidad que necesita?
Tecnológicamente estamos muy bien en muchos temas. Por ejemplo, en desarrollo de variedades, genética o manejo de postcosecha, donde Chile tiene algunos de los mejores desarrollos del mundo.
Estamos muy a la vanguardia en muchas áreas. Siempre se puede hacer más y mejor, por supuesto. Hay mucho que avanzar, por ejemplo, en el acceso de la pequeña y mediana agricultura a estas tecnologías. Es muy importante que ellos también puedan incorporarlas.
Pero creo que, como país, tenemos una agricultura muy pujante y muy de vanguardia, de la cual tenemos que estar muy orgullosos.
Postre
Llegamos al postre. Si pudiéramos volver a sentarnos a almorzar en diez años más, ¿qué te gustaría que hubiera ocurrido con la agricultura chilena?
Me gustaría que se multiplicaran por cien los casos de pequeños negocios que crecen y se convierten en tremendas empresas. Un ejemplo es Agrosuper, que me tocó conocer muy de cerca porque tuve el gusto de trabajar ahí. Y no hablo solamente de la rentabilidad, sino del impacto que una empresa así puede producir en una región, en las personas y en las oportunidades que genera. Casos como esos me encantaría que en diez años más fueran cien o mil.
Palabras al café
Un producto chileno que nunca falta en tu mesa: Fruta
Un vino que te trae buenos recuerdos: Ventisquero del 2001
Deporte favorito: Esquí en nieve
Personas con quienes te gustaría compartir un almuerzo: Mi abuelo y Gonzalo Vial V.
Una palabra para definir al agro chileno: Pujante