Entre campos, huertos y cosechas, Maritrini Lapuente descubrió desde niña su vínculo con el mundo agrícola. Hoy, como presidenta de la Asociación de Mujeres del Agro de Chile (Amagro), trabaja para fortalecer el liderazgo femenino, generar redes de colaboración y visibilizar el aporte de las mujeres al desarrollo del sector. En esta entrevista comparte su historia, los avances de Amagro y los desafíos que enfrenta el agro para construir su futuro.

APERITIVO

Mientras disfrutamos el aperitivo, partamos por el origen de esta historia. ¿Qué te motivó a estudiar agronomía?

La cercanía que tuve desde niña con el campo. Desde que recuerdo, viviendo en Rancagua, acompañaba a mi papá a la parcela familiar en Requinoa. En esos años producíamos tomates y otras hortalizas. Siempre me gustó pasar tiempo con él en ese entorno. Algunos años después comenzó la plantación de especies frutales y poco a poco fui descubriendo no solo la agricultura, sino también el valor de las personas que trabajan la tierra. Paralelamente, gran parte de mis fines de semana y vacaciones transcurrieron en el campo de mis abuelos cerca de Codegua, donde disfrutaba junto a la familia de una vida muy conectada con la naturaleza y el mundo rural.

Con el tiempo entendí que el agro era mucho más que una actividad productiva, era una forma de vida que me apasionaba. Quería comprender mejor los procesos productivos, aportar al desarrollo del sector y transformar esa pasión en mi proyecto profesional. Por eso, estudiar agronomía fue una decisión que tuve clara desde muy joven.

¿Cómo llegaste a participar activamente en organizaciones ligadas al agro?

Fue una evolución natural de mi trayectoria profesional. Desde muy joven busqué aprovechar cada oportunidad para aprender de la carrera que había elegido. Comencé a los 13 años apoyando las cosechas y el proceso de la exportación de fruta en el campo familiar durante los veranos, más adelante trabajé en distintas exportadoras frutícolas de la Región de O’Higgins en las vacaciones de verano mientras estudiaba. Todas esas experiencias me permitieron conocer en profundidad el sector, construir redes de contacto y desarrollar una gran confianza en el camino profesional.

Durante mis años universitarios también descubrí un fuerte interés por la propagación de plantas, lo que posteriormente me acercó al mundo de los viveros y alimentó mi interés por la genética y el mejoramiento vegetal. Tiempo después tuve la oportunidad de asumir la dirección del gremio de los Viveros de Chile, experiencia que marcó un punto de inflexión en mi carrera. Fue entonces cuando descubrí que, más allá de los temas técnicos del agro, me apasionaba conectar con las personas, generar relaciones de confianza y construir espacios de colaboración en torno a la producción de alimentos. Entendí que los grandes desafíos del agro no se resuelven de manera individual, sino a través del esfuerzo conjunto. Desde ese momento la actividad gremial pasó a ocupar un lugar muy importante en mi desarrollo profesional y personal, porque me permitió aportar al fortalecimiento del sector desde una mirada más estratégica, colaborativa y de largo plazo.

PLATO DE FONDO

Entrando al plato de fondo de esta conversación, ¿cómo surgió la idea de Amagro y con qué objetivos?

Amagro nació de una inquietud que compartíamos muchas mujeres del sector: existía mucho talento femenino en el agro, pero pocas instancias para visibilizarlos, para encontrarnos, apoyarnos y potenciar nuestro desarrollo.

La organización surgió con el propósito de construir una red que conectara a mujeres que aman el agro, promoviendo su liderazgo, formación, visibilidad y colaboración. Pero también con una mirada más amplia de contribuir al desarrollo sostenible del agro fortaleciendo nuestro rol como agentes de cambio en las comunidades y en la sociedad.

¿Cómo han sido estos tres años?

Han sido muy intensos y tremendamente enriquecedores. Cuando partimos, Amagro era una idea impulsada por la convicción de que las mujeres necesitaban más espacios de participación y conexión. Hoy vemos una organización con presencia nacional, alianzas estratégicas y una comunidad cada vez más activa.

Ha sido un proceso de mucho aprendizaje, crecimiento y articulación público-privada, pero sobre todo de confirmación de que cuando las personas trabajan colaborativamente es posible generar impactos reales.

¿Cuáles son los principales logros?

Uno de los principales logros ha sido consolidar una red nacional de mujeres vinculadas al agro que hoy colaboran, comparten experiencias y generan oportunidades entre sí y para otros.

También destacaría el posicionamiento del gremio en el ecosistema agropecuario y la capacidad de relevar temas como liderazgo femenino, innovación, sostenibilidad y desarrollo territorial en distintos espacios de conversación del sector. Hemos impulsado encuentros, seminarios y alianzas con instituciones públicas, privadas e internacionales, ampliando cada vez más nuestro alcance.

Sin embargo, el logro que más me enorgullece es haber contribuido a que muchas mujeres se sientan acompañadas, visibles y parte de una comunidad que las impulsa a crecer con propósito.

Con apenas tres años, Amagro ya se proyecta como una plataforma para el desarrollo integral de la mujer en el agro. 

¿Qué rol cumplen hoy las mujeres en el liderazgo del agro y cómo ha evolucionado su participación en los últimos años?

Las mujeres cumplen un rol cada vez más relevante en la producción de alimentos y por tanto en la seguridad alimentaria. Hemos pasado de una participación muchas veces invisible a una presencia activa en la gestión productiva, la investigación, la toma de decisiones, la educación, la innovación y los espacios gremiales.

Estoy convencida de que las mujeres aportamos una mirada estratégica, colaborativa, más integral y de largo plazo, con un fuerte compromiso por la sostenibilidad y el bienestar de las personas y las comunidades. 

Veo que durante los últimos años hemos logrado avances significativos en representación y liderazgo femenino en el agro, pero aún existen brechas importantes para lograr una participación más equilibrada en todos los niveles de decisión.

Antes de pasar al plato final, hay una frase tuya por la que nos gustaría preguntarte: “El futuro del agro no resiste no incorporar a las mujeres y a los jóvenes”. ¿Por qué crees que estos dos grupos son clave?

Porque la agricultura enfrenta desafíos enormes como el cambio climático, escasez hídrica, seguridad alimentaria, sostenibilidad, transformación tecnológica y el recambio generacional. Para abordarlos necesitamos incorporar todas las capacidades y talento disponible. 

Por eso estoy convencida de que el futuro del agro no puede dejar atrás a las mujeres ni a los jóvenes. Las mujeres aportan diversidad de perspectivas, nuevas formas de liderazgo y una mirada integradora. Los jóvenes, por su parte, traen innovación, herramientas tecnológicas y una forma distinta de enfrentar los problemas. Si queremos una agricultura más competitiva, resiliente y preparada para el futuro, no podemos prescindir de ninguno de ellos.

POSTRE

Llegamos al postre de este almuerzo. ¿Cómo es la relación de Amagro con la SNA y qué se ha podido trabajar en conjunto?

La relación con la Sociedad Nacional de Agricultura es excelente y se basa en el reconocimiento mutuo y en una visión compartida sobre la necesidad de fortalecer el capital humano del sector y promover una agricultura más inclusiva y sostenible.

Hemos colaborado en distintas instancias, encuentros y actividades que buscan visibilizar el aporte de las mujeres al agro y generar más oportunidades para ellas y también para las nuevas generaciones que serán la base de la seguridad alimentaria en el futuro. 

Valoramos especialmente la disposición de la SNA para abrir espacios de participación y conversación que contribuyen a construir un sector más diverso, conectado y preparado para los desafíos del sector.

PALABRAS AL CAFÉ

  • Mujer del agro destacada: María Inés Figari
  • Con qué mujer compartirías un almuerzo: Lucy Ana Avilés
  • Lugar favorito: bosques del sur de Chile
  • ⁠Una cualidad femenina que destacarías: resiliencia