A más de un mes del anuncio de Iansa, cerca de 400 agricultores y unas 1.500 familias continúan enfrentando incertidumbre sobre el futuro del cultivo. Mientras productores, autoridades y gremios buscan alternativas, aún no existe una respuesta definitiva para una actividad que por más de siete décadas ha sido clave para la agricultura de la zona centro-sur.

La decisión de Iansa de suspender la compra de remolacha para la temporada 2026-2027 encendió las alarmas en el mundo agrícola apenas fue anunciada a fines de abril. Esto porque la medida no sólo afecta a quienes cultivan, sino que pone en riesgo una cadena productiva que durante décadas ha sido motor de desarrollo y empleo en amplias zonas rurales de las regiones de El Maule, Ñuble y Biobío.

“Es una pésima noticia. El cultivo de la remolacha fue uno de los que trajo la mayor tecnificación en las últimas décadas a la agricultura tradicional chilena. La mecanización que hoy tenemos, la masificación del riego tecnificado y mucha tecnología en fertilidad y preparación de suelos vinieron de la mano de la remolacha”, afirma Jorge Guzmán, presidente de la Federación Nacional de Remolacheros (Fenare).

MÁS DE MIL FAMILIAS AFECTADAS

Si bien las primeras cuentas cifraban en más de 250 los agricultores perjudicados, Guzmán advierte una cantidad mayor con capacidad cercana a las ocho mil hectáreas sembradas anualmente entre Linares y Los Ángeles. “Estamos hablando de cerca de 400 agricultores afectados, porque la remolacha es un cultivo que requiere rotación: hay muchos productores que participan del sistema de manera alternada”, precisa.

Por otra parte, se estima que la decisión de Iansa afectará a cerca de 1.500 familias vinculadas directa o indirectamente a la cadena productiva. “Había una serie de pequeños transportistas que, prácticamente, pasaban el invierno con el cultivo de la remolacha. Además, los pequeños prestadores de servicio agrícola quedarán con muchos equipos que no tienen ninguna posibilidad de transformarse”, detalla el dirigente.

LAS CONSECUENCIAS DE PERDER UN CULTIVO ESTRATÉGICO

“Era la cabecera de muchas de estas rotaciones. Como utiliza grandes cantidades de fertilizantes, dejaba los suelos muy bien preparados para el cultivo siguiente, trigo o algún cereal. Hoy habrá que buscar alternativas porque no todo puede sembrarse cada año sobre el mismo suelo”, explica Guzmán.

Todo ello ocurre en un escenario especialmente complejo para la agricultura. “Este año es casi como una tormenta perfecta para el cultivo tradicional: tenemos un aumento de costos y escasez de fertilizantes en el mercado nacional, y precios del trigo y maíz que tampoco se ven provisorios. Hoy día, sembrar una hectárea requiere sacar arriba de 90 quintales para poder cubrir los costos y el promedio nacional es alrededor de 60”, advierte.

EL APOYO DE LA SNA Y LAS GESTIONES EN CURSO

La reacción de la SNA fue inmediata. Su presidente, Antonio Walker, calificó la noticia como un duro golpe para el sector y reparó sobre las consecuencias productivas y sociales que tendrá la medida.

“Estamos muy preocupados por la decisión de Iansa. Este cultivo, que llegó a superar las 60 mil hectáreas, hoy arriesga su fin. Chile se había convertido en el país con los mayores rendimientos por hectárea de remolacha a nivel mundial, es decir, una producción altamente competitiva y sustentable”, dijo.

El apoyo de la SNA fue valorado por Guzmán, quien afirmó que el gremio también recibió la noticia con sorpresa: “Desde un primer minuto, Antonio se puso en absoluta disposición de los agricultores, nos acompañó a las reuniones con los ministros y ha estado buscando la manera de mitigar el efecto en lo mayor posible. La SNA ha manifestado con mucha firmeza la desazón que esto genera. Estamos muy agradecidos”, señala el líder remolachero.

¿QUE SE HA HECHO Y QUE VIENE AHORA?

Tras el anuncio de Iansa, Fenare inició conversaciones con los ministerios de Agricultura y Economía para evaluar iniciativas que permitan amortiguar el impacto de la decisión. Entre ellas, se encuentran la posibilidad de créditos blandos con BancoEstado, programas de reconversión productiva y eventuales medidas tributarias para enfrentar el aumento de precio de las contribuciones. Asimismo, el Ministerio de Economía está promoviendo reuniones con empresas del sector hortícola e industrias de congelados que podrían transformarse en una alternativa para algunos de los productores.

Sin embargo, persiste la incertidumbre respecto del carácter definitivo o transitorio de la decisión. “El comunicado de Iansa habla de una suspensión, pero las conversaciones que ha sostenido el ministerio con la empresa apuntan a una decisión que podría ser permanente. Hoy no existe claridad respecto de eso”, sostiene.

De todas formas, la temporada 2025-2026 se desarrolla con normalidad, ya que la remolacha actualmente sembrada seguirá siendo cosechada y procesada por Iansa.

Pese al complejo escenario, Guzmán no pierde la esperanza y asegura que los agricultores remolacheros cuentan con las capacidades necesarias para adaptarse: “Están altamente especializados y tecnificados. Hoy se les cierra una puerta, pero también tienen la capacidad de reinventarse. Confío en que encontrarán nuevas alternativas productivas porque son de los productores más eficientes del país”.

UNA HISTORIA DE MÁS DE 70 AÑOS

Iansa nació en 1953 como una iniciativa impulsada por Corfo para desarrollar la producción nacional de azúcar a partir de remolacha. La compañía llegó a operar plantas en Los Ángeles, Linares, Curicó, Rapaco y San Carlos, convirtiéndose en una de las principales agroindustrias del país.

Paralelamente, los agricultores se organizaron en Fenare para representar sus intereses y participar en el desarrollo técnico del cultivo. Durante décadas, la relación entre productores e industria permitió incorporar nuevas tecnologías de mecanización, riego y manejo que luego se expandieron hacia otros rubros agrícolas.

La reducción de la actividad, sin embargo, se venía observando desde hace años. Primero cerraron las plantas de Curicó y Rapaco. Más tarde dejaron de operar las de Linares y Los Ángeles. Con ello, la de San Carlos quedó como la última procesadora de remolacha del país.